domingo, 17 de febrero de 2013

Amanuenses


En la historia, recordamos a los amanuenses de la Edad Media, que no sólo copiaban, sino que ilustraban bellamente los textos. También se les daba el nombre de copistas o pendolistas. Destacaban en esta profesión los monjes especialmente los benedictinos, que durante largo tiempo se constituyeron en depositarios del saber humano.

Desde los inicios de la Edad Media la reproducción de códices se verificaba en sus monasterios. En una gran sala, llamada scriptorium, se sentaban los copistas, mientras el lector iba dictando la obra. De esta manera se obtenían a la vez tantos ejemplares de la misma en función del número de copistas trabajando. Una vez terminados, se revisaban las copias y se confrontaban con el original, haciéndose las correcciones y enmiendas que aún hoy pueden verse en muchos códices.

El aumento en la producción de libros trajo como consecuencia la división del trabajo y la especialización de los amanuenses, que se dividieron en preparadores de pergamino, copistas, crisógrafos e iluminadores.

Por fortuna, se conservan muchos y valiosos códices, escritos y miniados en los estilos de las diversas épocas, destacando los de la Biblioteca Vaticana y  Bibliotecas Nacionales de Madrid, París, Roma, Londres, Viena, Berlín, etc.

El códice más antiguo de España de que tenemos noticia es el Código de Alarico o Breviario de Aniano (siglo VI) que se conserva en la biblioteca del Monasterio del Escorial.

 

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